Historia
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El General

“Los hombres, como los árboles, tienen sus raíces; son lazos que les unen a su pasado, a su raza, a su ambiente, a sus herencias”, afirmó Jesús Sotelo Inclán en su obra Raíz y razón de Zapata. Y continúa: “Hay que bajar al pasado histórico de cada individuo para encontrar sus oscuros orígenes, sus elementos esenciales, todo aquello que puede estar representado y confundido en la tierra misma de que está hecho el hombre”.
En Morelos, su cuna, reconocemos la invaluable herencia del hombre que encabezó una lucha no por el dinero, sino por la ley; una lucha no por el poder, sino por la justicia. En Zapata encontramos al fiel heredero de una longeva tradición en la defensa de los derechos de los pueblos, reconociéndose a sí mismo como uno más de sus coterráneos, construyendo comunidad cotidianamente en el marco del respeto y del derecho.
Con el lema “Justicia y ley”, los surianos promulgaron el Plan de Ayala que tuvo, como premisa fundamental, la reivindicación de los derechos de los pueblos sobre las tierras, las aguas y los montes, derechos que durante siglos de explotación les fueron conculcados. Fue, en palabras de sus propios creadores, un manifiesto solemne “ante la faz del mundo civilizado que nos juzga y ante la nación a que pertenecemos y amamos”.
El Plan de Ayala se constituyó en el referente para generar y difundir, desde el Cuartel del Ejército Libertador del Sur en Tlaltizapán, manifiestos, leyes y decretos que dieron sentido ideológico como ninguna otra de las corrientes revolucionarias al movimiento de 1910. El Plan de Ayala fue la semilla que hombres y mujeres surianos nutrieron con su lucha, con su trabajo y con su vida, cultivando las parcelas de sus anhelos.
Así, descubrimos a Emiliano a partir de sus orígenes, a través de su gente, a la luz de sus ideales, lo descubrimos en los pueblos morelenses que día a día continúan regando con sudor y arrancando con esfuerzo los frutos de la generosa tierra suriana.
Autor: Jesús Zavaleta Castro
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